Dos espadas de luz

Dos espadas de luz

Había una vez, un sabio que vivía en la China, al que todos llamaban Twang—, ¿y por qué le llamaban así?—, preguntó Peter a su abuela.
—Bueno, ése era su nombre, —respondió ella.
—¡Qué nombre tan raro! ¿y sabes abuela quién lo escogió? —el mío me lo ha puesto mi papá—.

—Sí, lo sé, siempre le gusto tú nombre. De niño quería cambiarse el de él.
—No se quién se lo puso, pero lo que sí sé, es que en algunas regiones de China existía una tradición muy antigua, —tiraban un cesto de metal, y de el sonido que emitía, de ahí salía el nombre del niño que acababa de nacer.
—¡Esa es una costumbre muy extraña!, yo no quiero nacer allí.
—Pero tú ya has nacido Peter…
—Sí, lo sé, bueno estoy hecho todo un lío con ese cuento, quise decir que no me hubiera gustado.

La abuela sonrió. No era más que una fábula inventada para entretenerlo, pero hubiera pagado por ver la cara de asombro que puso con lo del nombre sacado de el sonido de un cesto, Jejejeje…  era muy divertido cuidar de Peter. Su presencia le traía mucha alegría y le hacía pensar en lo diferente que era el mundo ahora—, ¡los niños son más inteligentes ahora!, —Debe ser por lo que comen, —pensó—.

Peter la sacó de su embeleso, abuela, le gritó: ¿te has quedado dormida?, —no querido, solo pensaba—, ¿en que? —quiso saber Peter—, en lo inteligente que eres, y en que cuando yo era niña no éramos tan sagaces, —respondió la abuela.
—¿Qué quiere decir ésa palabra? —preguntó el niño, —bueno algo como avispado—, respondió la abuela.
—Ah, bueno eso ya lo sabía, mi papá siempre me dice: <<Peter hijo que avispado eres >> Natalia sonrió.

—Abuela dijo el niño, —por favor te pedí un cuento de guerreros con espadas, mi papá siempre me cuenta historias muy lindas, ¿y tú cuento es de un sabio chino?
—Peter hijo, es que no me dejaste continuar, es una historia muy linda y también hay guerreros, —respondió a abuela.
—Quiero una historia emocionante, por ejemplo de guerreros japoneses, de ésos qué usaban grandes espadas.
Esta bien, entonces te contaré una historia muy bonita sobre un samurái que se llamaba Akiniko y su amigo Akiyama, —ven acurrúcate a mi lado.
Peter apoyo su cabeza en las piernas de su abuelita, y mientras ella le acariciaba los rizos comenzó su historia.
—Había una vez un pueblo en el lejano Japón, su nombre era Satsuma, el pueblo era muy famoso porque sus Samuráis eran los más valientes del país. Allí vivían dos amigos inseparables Akiniko, y Akiyama. Ambos eran intrépidos guerreros, muy fuertes y manejaban muy bien sus espadas, y aunque eran jóvenes todos los guerreros los respetaban.
Un día, cerca del año mil cuatrocientos fueron llamados para ir a luchar. En la guerra tendrían que demostrar su valor. Marcharon por más de treinta días, tras los cuales, ya en el campo de batalla, fueron atacados por el enemigo.

Pelearon como valientes. Feroces descargaban sus espadas que parecían mágicas, pues salían rayos de luz de ellas al chocar con las de sus oponentes.

Fue una gran batalla, pero al terminar y recoger a los heridos, para llevarlos a su campamento, los soldados encontraron los cuerpos de los dos amigos. Habían muerto en la batalla, uno defendiendo al otro, sin embargo sus espadas aún brillaban.

Fue muy triste, sus cuerpos fueron enterrados con todos los honores que se les otorgaba a los guerreros y su historia fue cantada por muchos años por los trovadores en todo Japón.

La historia ha pasado de una generación a otra, a mí me la contó mi abuela, ella visitó un lindo monumento que existe en honor a los dos guerreros que se llama, “Dos espadas de Luz”, y tiene una inscripción que dice así “Nada vale más que la vida de un amigo”.
Al terminar Natalia miró a su nieto, esperando uno de sus comentarios, —pero nada, el
pequeño Peter respiraba emitiendo pequeños sonidos, se había dormido, mejor, —pensó la abuela—, mañana se la contaré otra vez.

Marzo 2017

Berenice Morales

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